lunes, 8 de octubre de 2012
Papito, for ever!
miércoles, 27 de abril de 2011
Losing my religion
lunes, 21 de febrero de 2011
Sucios recuerdos
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Sin tetas, no hay paraíso
lunes, 11 de octubre de 2010
Ghost Writer
domingo, 15 de agosto de 2010
Ellen

Ellen, tenía unos treinta años cuando la conocí. Y si algo me sorprendió de ella y logró mover hasta mi última fibra, fue su seducción fotográfica. Siempre en posición para ser admirada como una verdadera obra de arte, algo tallado a mano, delicioso, iluminado. Claro, que mi mirada de lobo hambriento no se limitaba solo a lo estético. Su forma de ser, sus palabras dulces y desinteresadas de todo aquello banal del mundo, al cual yo venía adquiriendo acciones, la convertía en un ser difícil de seducir.
Eran los años 90. El glamour se respiraba tanto como los perfumes importados en cualquier esquina de Buenos Aires. Mis tareas como un egresado de un simple bachiller en un barrio de Palermo que aún no era SOHO, me condenaron a la tarea de llevar y traer pedidos de una librería del microcentro.
Eran épocas de camas solares, mucho gimnasio y con una cara fresca típica de personas que la pasaban bomba. Eso era solo el principio para tener alguna chance en ese mundo pomposo al que más de uno se tentó por más pensamiento de izquierda que tuviera en su sangre.
Un año de fierros, un trabajo que me hacía correr por todo el microcentro con bolsas de todo tipo y hasta cajas con resmas A4, me mantenían en forma y también me hacía conocer a mucha gente. Una de las reglas que si bien no eran expresas, pero que se daban a entender, era que cuando había clientes en un local, yo debía esperar afuera con el pedido. Para mí, era trabajo. Así que correr o no correr. Llegar a tiempo o elegantemente tarde, era cosa de cada cliente.
Un día de muchos que tuvo esa profesión, una mujer se quedó con toda mi atención. Su porte, su ropa y hasta su billetera tenía su propio sello. Estaba pagando y haciendo malabares con todas las bolsas que intentaba agarrar con una mano. Ese día no me importó nada del protocolo del cadete y entré.
Saludé. Dejé un par de biromes a la encargada que pareció darse cuenta de mi estado emocional y busqué la mirada de la clienta, de alguna manera que no hubiera modo de evitar un saludo a alguien que crees conocer pero que no recordás. Su perfume dulce me aflojó las piernas y cuando enterró su mirada en la mía solo pude suspirar antes de cerrar los ojos y darme por vencido.
- No sabes como me gustaría decirte que si.
Creo que todos los que estaban en el local, rieron. Ella estiró firmemente su brazo y me dio la mano como un amigo o bien, para dejar en claro que había al menos una década de besos en su haber.
- Bueno, ahora nos conocemos. Ellen, mi nombre es Ellen.
Eternity era su perfume. Sus botas, de carpincho y sus caderas casi siempre se untaban con un Guess. Y yo fui su alumno durante algunos años. Los suficientes para entender que era esto del amor, el respeto y por sobre todo, el buen gusto por los zapatos. Como el que Sarkany tuvo para poner en la misma vidriera, quince años después.
domingo, 11 de julio de 2010
España Campeón!
Un domingo donde veo por uno de mis tres canales de aire, a un España alzando una copa del mundo, donde mi limpieza de la mañana, se esfumó con el primer soplido de un zonda; y una cama a la cual le sobran ganas de una cucharada de amor lograron que vuelva a la computadora para terminar mis trabajos de la semana.Claro, que cualquier excusa es buena para interrumpir mi concentración: preparar café, elegir música, cambiar la luz del día por una de un velador, elegir un teclado para escribir… ¿sigo?
Estaba en condiciones para empezar el conteo y dejarme llevar por una tinta digital que acabara con esa pesadez de la hoja en blanco. Pero recordé, casi a propósito que uno de mis sentidos estaba esperando por su parte. Fui a la habitación donde atesoro unos sahumerios de vainilla y cometí el error de encender uno.
Ni siquiera pude imaginar un título, cuando el aroma de ese amor invadió mi sangre.
La cinta en mi cabeza avanzaba y rebobinaba. No sabía donde hacer pausa: en que beso, en que abrazo o en que calle de las tantas que nos vieron pecar por falta de tantas otras cosas. Pero daba igual. Todos esos momentos siguen ahí, tan húmedos como mis labios ahora y mis ganas de volver a darlo todo por uno de sus besos y sus incalculables muestras de amor que eran aniquiladas por uno de mis “peros”.
El sabor de una vainilla hecha humo me dice que debo volver a lo mío, que por lo visto no es el amor.
¡Felicitaciones, España! Cuánto deseamos estar en su lugar.
¡Felicitaciones, Gallega! Cuánto deseo estar besando la copa de tus labios. Hacer mi sueño realidad y rebobinar la cinta hasta donde aparece tu primer “te amo”.
Pero el presente no es más que un montón de humo recordándome que mi hoja sigue en blanco.
…¡Joder!
sábado, 10 de julio de 2010
El contrato
Realmente no se que pasó mientras tomábamos el café, sabía que una charla rutinaria era necesario para no quedar como dos enamorados del sexo del otro. Había propuesto vino, pero ella se negó rotundamente y a cambio sugirió un café como en los viejos tiempos. Una de las cláusulas de este nuevo contrato que nos reunía nuevamente en mi casa, dejaba bien en claro que no cabía lugar para los recuerdos y los golpes bajos, que hicieran volver a tomarnos de una mano que ya nos había arrancado el destino.
Fue por eso, que el pedido de café no tenía como fin ese camino. Pero que importaba, ya no la escuchaba, solo veía como esos labios besaban el aire con palabras. Y yo esperando la luz verde de su mirada para saltar sobre su boca y concluir con lo que habíamos empezado.
Fueron unos segundos, unos eternos segundos hasta morder su boca de un solo bocado. Mi cuerpo se retorció y el de ella se transformó en alguien que volvía a soñar pero esta vez con los ojos abiertos.
Las luces eran muy tenues, apenas se podía apreciar alguna que otra curva, eso limitaba uno de los sentidos, pero abría la puerta a muchos otros dejando el protagonismo a las sensaciones que eran en definitiva la causa del encuentro.
La besé por cuanto rincón me dejó su pelo. La mordí hasta donde sus manos no llegaban para quitarme y mis caricias llegaron hasta aquellos lugares donde jamás lo haría ella por si sola. Mi sangre cambiaba su gravedad y con algunas caricias entre sus manos, perdí el conocimiento, los sentidos. Solo se que me aferré a ella y solo volví a reconocerla cuando su voz intentaba decirme algo al oído. Y no eran exactamente palabras.
Un suspiro llenó la habitación de recuerdos que no podíamos verbalizar. Pero estaban ahí, latentes; nuevamente despiertos y mientras acariciaba un cuerpo que poco a poco se iba enfriando, me daba cuenta que ya no éramos los mismos.
La abracé sin pedirle permiso, la llené de besos y sin decirle nada la invité a que se vistiera y se fuera para no romper ese contrato absurdo que otra vez nos tenía amenazados por un amor lleno de disfraces.
martes, 13 de abril de 2010
¡Joder!
“No se cuanto tiempo más voy a ser capaz de pedirte perdón, antes de que no signifique nada”.
Esas simples palabras solo me devolvieron el dolor que creía haber dejado en el diván, luego de unas cuantas sesiones, cuando realmente decidí enseñarle la verdad a mi terapeuta, psicólogo o como quieran llamarlo y tratar de poner fin a una relación que prometí que sería para siempre.
No más encuentros bajo una luna cómplice, ni llamados abreviados por un apuro culposo. Decidí que ya no quería ser enemigo del tiempo porque nadie es capaz de ganarle, por más tozudo que sea. Así lo resolví y quien estaba sentado frente al diván apoyó mi decisión. ¿Fácil? Para nada, pero ¿qué más podía hacer? Soy un humano más en este increíble mundo.
Me acosté con cuanta sonrisa se cruzó en mi camino, me enamoré de cada copa que tuve en mis manos y me abracé a cuanta almohada me despertara un domingo cualquiera. Poco a poco fui charlando con el tiempo hasta saberme su lenguaje. La soledad tenía las llaves de mi casa y mi terapeuta estaba siempre al otro lado del diván, para darme esas piernas que necesité más de una mañana para seguir aunque más no sea un día más.
Así fue que me volví a levantar. La disciplina de las obligaciones diarias cicatrizaron las heridas y el dolor volvió a su rincón, esperando a tener nuevamente su turno. Pero esta vez sabía que había perdido, al menos un round.
Pero las cartas no solo hablan con sus palabras, sino también con su perfume. Y ésta hizo que la escuchara mucho más allá de sus palabras.
Enciendo el equipo de música y ahí estaba Bob Dylan, con sus filosas canciones para desgarrar cualquier corazón, por duro que sea, o por diván que salga a defenderlo. Me recuesto en el sillón y apoyando la carta sobre mi pecho me voy de este mundo para volver a esos tiempos donde todo sabía prometedor e imposible de destruir.
Sin dudas, su perfume fue un golpe bajo, un disparo directo a las emociones y los recuerdos. Nadie sabía más que ella, a la hora de redactar una carta. Jamás pude encontrar algo de verborragia en sus verbos y eso era tan eficaz que podía matar todo tipo de pensamientos rebeldes.
Pensé que había podido terminar con ella. Pero sus “perdones” aún tienen valor para mí.
Quedamos en vernos la semana que viene.
¡Joder!
viernes, 12 de marzo de 2010
Semana de un solo día
El taxista me daba su vuelto y yo de reojo observaba a una mujer que me miraba ansiosa, apoyada sobre una pared durante un tiempo que fue más del tolerable para encontrarse con otra persona. Pero la llegada del micro se demoró, el taxi también y bajarme del auto, hasta sacar las valijas para enfrentarme a sus besos, parecían más lejanos que la distancia que nos separaban.La conocí por chat. De igual manera conocí su tierra natal Salta. ¿Y por qué no? Allá estaba, dispuesto a pasar unos días en una ciudad desconocida, con una mujer hermosa y joven, que prometía el elixir de la vida eterna y yo, dispuesto a pagar con besos teñidos de rojo, todo el stock que tenía.
No fue necesario encontrarla con su remera verde Benetton. La mirada me fue suficiente para saber que era ella y no otra la que me estaba esperando. Los bolsos duraron en mis manos, lo que ella tardó en abrazarme como una niña a su padre. La valija se desplomó y me uní a ese abrazo que si bien parecía fraternal, en verdad era de una total pasión desenfrenada que aun conservábamos por respeto a ese primer y único encuentro que nos da la vida.
Nos miramos a los ojos. Sonreímos y cada uno volvió a su posición original del abrazo. Ahora se sentía su corazón y calculo que ella el mío. Más allá del cliché que tienen estas escenas, lo cierto es que cuando uno es el protagonista, las disfruta pero, como ahora, sin poder expresar con palabras todo lo que se siente.
Lo cierto es que ella saca un manojo de llaves y me mira con deseos de pecar. Su voz era más seductora aún, que en las largas charlas telefónicas que manteníamos en forma ardiente cuando el Messenger ya no podía expresar lo inexpresable.
- ¿Así que, me trato de putita la forra de tu ex? – dice, enrollando los pelos de mi pecho, mientras intentaba escuchar mi corazón.
- Decirte que no tenes que leer mi blog, es al pedo. Así que, es mejor que entiendas que el despecho tiene muchas caras. Esa fue solo una.
Ambos suspiramos.
- ¿En serio que te pasó eso? – dice ella con voz angustiada. Pero aún así, se podía notar su certeza de creer todo lo que conté.
- ¿Si te digo que no, me creerías?
- No.
Nos buscamos con la mirada. Nos esforzamos por un beso y nos hundimos en el mismo sueño y las mismas sábanas.
Cuando desperté, ya no estaba.
Los viernes por la noche, siempre tienen invitados a su casa. Ella se encarga de las empanadas.
El marido, del asado y el vino.
sábado, 6 de marzo de 2010
Keep me in your Heart for a while
- ¿Azúcar o edulcorante?
- Pasame el edulcorante.
Estaba inquieta, no se cuantas vueltas le dio al café para que se mezclara. Aún así, seguía con la mirada fija buscando la mía, que seguía escondiéndose en detalles de una mesa que debía parecer improvisada.
- ¿Por qué café y no vino?
- Ehhh, no se. Supongo que el vino es para algo más premeditado. – Digo con la misma cara fresca y despreocupada.
- A caso, ¿esto no lo es? – me dice con una mirada incisiva.
Aun puedo ver el fuego de sus ojos y la ira que le provocó mi gesto de reconocimiento ante lo que ya sospechaba durante los 20 minutos de trayecto en micro que tuvo que hacer hasta llegar a mi casa.
El café en mi chomba nueva, mis libros que volaban por todo el departamento hasta que uno terminó atravesando un vidrio, calmó en seco a una Natalia que no conocía.
- A mi no me vas a dejar así nomás. ¡A mí, no! – ahora agarrándome del cuello y zamarreándome como una bolsa de papa.
- Necesito que te calmes, por favor.
- ¡Una mierrrrrda me voy a calmar! – ahora me suelta y retrocede como para tomar envión- ¡Sos un hijo de millllll putas!
- Calmate por favor – haciéndole señas que los vecinos iban a escuchar. Aunque ya estaban escuchando hace rato.
- ¿Ahora queres que no escuchen? ¡Bien que cuando me cogías no me decías que me calle! Así que ahora, ¡repedazodehijodemilputas! – ella comienza a arrancarse la ropa - ¡Ahora me vas a cogerrrrr!... que digo, me vas a recontra recoger.
Estaba desconocida, su despecho era temerario y mi plan de querer volver a ser amigos, veía que se estaba yendo como el celular que tiró mi hijo por el inodoro. No encontraba una sola frase que pudiera calmarla mientras empezaba a lamer mi cuerpo en forma preocupante. Me intimidaba y el torrente sanguíneo seguía en mi cabeza, lo cual iba a provocar aún más ira en ella.
- ¿Dale forrito, no era que te gustaba así? ¿No era la mejor, la más puta, la más caliente de todas? – mientras quiere arrancarme el cinturón con movimientos brutos y bajando una bragueta que se resistía a su barbaridad.
Fueron varios minutos donde no obtuvo lo que quería. De repente un silencio agudo y escalofriante me dejó tieso.
- Yo no te puedo creer. – abandonando su rezo y manoteando en cuatro patas su ropa que yacía por todos los rincones del comedor.
- ¿Qué? – le digo con ganas de tragar saliva.
- Sos un pelotudo. No solo me dejás, sino que además estás enamorado.
Mi silencio se lo confirma. Ella, ahora con una calma caligulezca, se acerca a mis labios no solo con su boca sino también con su mirada y susurra:
- Te enamoraste, ¡pelotudito! – mientras muerde mi labio inferior – ahora vas a saber lo que es este sentimiento.
- Andate.
- Claro que me voy. Me voy bien a la mierda. – Agarra la cartera y centrando su pollera camina hasta la puerta.
Yo sigo inmóvil. Aún no respiro y anhelo que cierre la puerta. Pero no. Antes de dar el paso final, se frena, levanta su dedo índice como acordándose de algo y se vuelve decidida. Camina hasta el equipo de música, tira todos los Cd´s al piso, hasta que lo encuentra.
- Y si lo querés a Warren Zevon, que te lo compre la putita esa que tenes por novia.
- ¡Pero ese Cd es mío! - le digo, recordando lo que me costó conseguirlo. Pero enseguida recobré mi papel de subordinado y volví al recato.
- Ya no. ¿O te pensás que sos el único que puede decidir sobre los demás? – ahora suspira - yo también tengo derecho a robarte un pedazo de tu corazón.
Pega un portazo y luego, hace enojar sus tacos que tan bien le quedan, para completar su plato de venganza.
Aún sospecho que se fue con una sonrisa entre sus labios.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Terremoto emocional

El viaje a casa no me trae nada nuevo, el Mc Donald solo agrupa personas descorazonadas donde disfrutan de una no comida en su casa y en familia. ¡Mierda! Que duele estar sólo. Pero aún así me niego al miserable desafío de lo poco. ¡O todo o nada! Cueste lo que cueste.
Llego a casa, abro las ventanas y dejo las llaves sobre la heladera. Enciendo un sahumerio de vainilla (de todas formas, ¿quién me va decir que huelen feo?), prendo la tele para simular el ruido de una casa habitada y ya tirado en el sillón, enciendo la notebook para mirar los correos que ya nadie ve. Como dijo José Saramago en su Ensayo sobre la Ceguera: “(…) se levantaron trabajosamente, vacilando, con vértigo, agarrándose unos a otros, luego se pusieron en fila, primero los ojos que ven, luego los que teniendo ojos, no ven”.
Los correos siguen siendo basura, nada interesante y lo poco que suelen escribir mis contactos son frases del tipo “no se si es cierto pero por las dudas lo mando” haciendo referencia a que Hotmail cerrará y cuanta estupidez se le cruza a un ser inhumano por la cabeza. ¡Qué vuelva el correo caracol! Al menos teníamos el sabor de no solo oler el perfume de las cartas, sino también su postal, su sobre comprado especialmente o bien robado de la oficina donde se trabaja, una hoja aunque más no sea arrancada y por sobre todo, el empeño en escribir de puño y letra lo que quieren contarnos.
Ahora todo es “copio y pego”, hasta el más octogenario de los humanos se acostumbró a los SPAM y a reenviarlos. Parece que el romanticismo solo queda en alguna que otra rosa que ofrece algún que otro suicida enamorado.
El mundo explota.
Y parece que nadie se da cuenta.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Redes Sociales
Pasaron semanas, es cierto. Una sola no alcanzó para que con Julia, nos diéramos cuenta que era la soledad y no otra cosa, la que nos unía.Éramos demasiado amigos como para no entender que ese camino solo nos llevaba a uno más patético que es el de la comodidad. Y ninguno de los dos queríamos eso en nuestras vidas.
Así fue que, ya sin la necesidad de tener un “palo donde rascarnos”, ella volvió a su casa y yo a la mía.
Otra vez, me llené de actividades y trabajo. Mis viajes a Buenos Aires empezaron a ser muy frecuentes y volví a contactarme con personas que realmente me querían desde que era apenas un niño de jardín (que tiempos aquellos).
Sin querer, volví a sentir que ya no estaba solo. Las sesiones con mi terapeuta comenzaron a ser profundas y por primera vez, le abrí el juego enseñándole en verdad que había en mis rincones del alma.
Por primera vez me sentí perdido. Sentía que no encajaba en un boliche, las amistades de mis amistades ya eran todas conocidas y ninguna de ellas me llamaba la atención como para pasar más que alguna que otra noche bajo el Hades de mis sábanas. Mi mundo se estaba quedando sin gente por conocer y el presentimiento de una vida sin alguien a quien amar, me estaba acechando.
- Quizá no haga falta conocer más a nadie – dice mi amigo Gustavo.
- No te entiendo.
- ¡Claro hombre! Ya que perteneces al mundo del ciberespacio, por qué no te metes en las redes sociales que hay ahora. En una de esas, “re” conoces a alguien.
Si algo tenemos en común con Gustavo y el Pelado es que somos analógicos (además de una fuerte y sincera amistad). Las redes sociales dejan poco por preguntar cuando nos sentamos a tomar un café con una chica a la que ya le conocemos hasta los presagios de sus galletas de la suerte. Pero los caminos se estaban acotando y las experiencias que encuentro en mi camino, no han dado los mejores resultados.
- Quizá tangas razón – le digo acongojado.
- Igual, vas a hacer lo que se te cante el culo. ¡Como siempre!
- …
- ¡Porteño puto del orto! - (él, es mendocino)
Ambos reímos, hicimos algunas bromas y recordamos algunos pasajes donde mis decisiones fueron el fruto de largos cuentos nocturnos entre amigos. Pagamos el café y nos fuimos cada uno a su casa.
Y la soledad no deja de recordarme que me sigue esperando para ir a dormir.
lunes, 24 de agosto de 2009
Mi Otro Yo
Falta poco para mi regreso a Mendoza. Una buena noticia de este viaje es que comienzo con el proyecto de una revista local. Por suerte me voy con trabajo y con algo de tiempo a mi favor, pero aún la extraño. Aun tengo ganas de llamarla.Parece que el tiempo fue poco. Es algo, pero la dosis de este singular salvador de corazones destrozados, no alcanzó. Y el dolor aflora.
Y duele.
Me pregunto que fue lo que tanto me pegó. He vivido tantas historias, tantas aventuras increíbles, mujeres buenas, otras no tan buenas, pero con todas hubo química, sin embargo con ella fue especial.
No mentía cuando le decía que era la mujer más bella que mis ojos hayan visto. Ella pensaba que yo era un adulador por esencia. También se equivocaba en eso.
Pero gracias a su ex y mi aura seductora, ella nunca me creyó, nunca pudo confiar en mí. Y ese fue mi talón de Aquiles, el que me derrocó, el que acabó con mi sueño y me devolvió al interminable mundo de las mujeres, que día tras día encuentro en mis sábanas y que luego pasan a enmarcarse en esta cosa rara llamada blog.
Ella piensa que pertenezco a este mundo y que mi magia se vio debilitada cuando su presencia acabó con mis musas y mis historias.
Ella se enamoró de mi otro Yo, el que sale, el que cuenta, el que levanta y seduce más por caballero que por seductor.
Pero cuando lo tuvo en sus manos, sus demonios se apoderaron de todos sus sueños y los pisaron junto con los míos, dejando que dos anillos vuelvan a quedar sin dueños.
Hay gente que nace para ser amigo, otras para ser novio. Otros cocinan, otros se entregan al celibato y después estamos nosotros. Una raza rara, casi en extinción, que tiene como fin, despertar sentimientos en personas que parecen haberlos olvidado.
Pero en cada caso, en cada beso que uno da para que esa bella princesa despierte, nos duele, nos desgarra y parece que será el último. Y sin embargo volvemos al ruedo para hacer lo mejor que sabemos hacer: el amor.
No se cuantas veces tendremos que juntar nuestro corazón en pedazos, pero al fin de cuentas, cada beso lo vale.
Ojalá algún día ese beso se encuentre ante la fortaleza de un corazón sólido, que nos tumbe de una vez y nos devuelva a este mundo.
Y yo al de ella.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Sarna con gusto...
- Creo que es producto de unos antibióticos que tomé durante largo tiempo por una gripe.
- Aja - dice ella, mientras me sigue examinando con su lupa a lo largo de todo mi antebrazo
- Me atendieron 4 médicos distintos a lo largo del mes – enseñándole toda la farmacia que tenía en una bolsa – todos me pronosticaron algo distinto, pero sigo cada día peor. Ya no duermo en las noches de la picazón.
- ¿En la ingle también? – por no animarse a decir "en los huevos".
- ¡En todo el cuerpo! – le digo ya con lágrimas en los ojos por querer rascarme justo esas partes innombrables (para ella).
- Mmm, bueno tira todos esos remedios – volviendo a su escritorio y empezando a escribir en su recetario.
- ¿Qué tengo? – le digo desahuciado, ya que no iba a creer en otro diagnóstico pasajero.
- ...Tenes sarna.
- No puede ser – le digo canchereando y desde la plena ignorancia – no tengo animales en casa
- La sarna se contagia entre personas – y sigue cortando papelitos de su recetario.
Me puse a pensar con quien andaba hace un mes o algo mas. Y solo anduve con ella.
- Es que me resulta difícil de creer Doctora. No vi rascarse a mi novia.
- Bueno, tendrán que hablar entonces. Pero no te asustes, con dos pastillas en una sola dosis, se acabó el problema – ahora mostrándome una sonrisa – no sea cosa que pierdas a tu novia por esta pavada.
Tuve ganas de decirle que ya la había perdido, pero mi lóbulo frontal reaccionó a tiempo –cosa que no suele funcionarme mucho – y me callé.
Ahora tenía una excusa para llamarla. Contarle de este posible contagio, podía ser un motivo perfecto para vernos en el café de San Martin y Morón (donde nos conocimos) y así matarnos en la primera esquina oscura, como solíamos hacer antes que conociera mi casa.
Pero no. Lo único que voy a lograr es amortizar un golpe que conviene darse en una sola cuota y no en muchas (como diría mi amiga Blonda).
Me acosté y pensé en ella. Me preguntaba si se estaría rascando como yo y entonces empecé a reírme de la patética reflexión a la que estaba llegando.
Agarré un cuento de Denevi y a los pocos minutos, estaba durmiendo.
Esa noche y las que le siguieron, ya no picaba tanto.
viernes, 14 de agosto de 2009
La primera de muchas
El depto volvió a ser víctima de mi pseudo depresión. En realidad de tristeza.En la cocina se arrumban los platos solitarios que noche a noche me sorprenden con alguna vianda pasajera. La cama ya dejó de ser mi cómplice y mis incansables café con leche, perdieron ese sabor que tanta fuerza me daban para empezar las mañanas y las tardes.
No se hasta cuando siga este sentimiento en mi interior. Lo único bueno que deja este vaso más vacío que lleno, son mis ganas de escribir.
Mi novela espera ansiosa por algún escritor emocionado, que quiera terminarla de una vez por todas. Y parece que el día llegó.
Hoy será mi último café con leche que acompañe a esta novela, que nació con un escritor tan triste como el que la está terminando. Releo algunos pasajes y como un hijo, logra sacarme alguna que otra sonrisa. La miro y no puedo creer lo grande que se ha hecho. Tanto, que ya es hora que sea ella quien cuide de mí, al menos por un tiempo.
Solo me resta saber en manos de que editorial la dejo, para que su futuro no se vea atraído por la prostitución del marketing. Se que me falta mucho para llegar a ser lo que quiero ser y es por eso, que deseo que esta primera de muchas otras, llegue hasta donde deba llegar, sin gancho, sin yapa. Solo contará con ese montón palabras como arma para lograr que ella misma, sea quien se gane un espacio en la biblioteca de cada uno que la sepa descubrir.
Solo me asusta el hecho, que le he prometido cuando la comencé, que tendrá más hermanas. Y entonces me pregunto, ¿cuántas veces más pasaré por estos estados emocionales?
Evidentemente, muchas veces más.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Puños y Lágrimas
La verdad que la terapia de hoy, ni sumo ni restó. Supongo que con el tiempo veré los beneficios de la charla de hoy.Me siento mejor. Parece que la herida no era de muerte y las cicatrices ya están cerrando. Y lo mejor es que no tuve que usar morfina.
Lo que no me cierra son los granos que han aparecido en todo mi cuerpo. Un sarpullido que no solo me empieza a molestar, sino también a picar.
Supongo que será otra visita al médico, cosa que detesto enormemente, pero intentaré que se pase sola. Quizá con algunos cuidados en las comidas zafe de algo que parece peor.
Lo malo de todo esto, que hoy tengo una reunión importante por un trabajo en un diario y un grano en mi frente capta no solo la atención del que tengo a enfrente, sino también las ganas de largar una carcajada o hacer algún chiste alusivo casualmente con lo que me pasa. Y no estoy de humor.
Como estaré de loco que fui a terapia caminando. Vaya a saber cn que excusa absurda dejé el auto en la puerta de mi casa.
Lo cierto es que al volver, paso por la puerta del Centro donde hago Tai chi. Paso a saludar y dar explicaciones por mi ausencia este último tiempo.
Mi profesor, Víctor, siempre con una sonrisa y una paz que contagia, me invita a su gabinete donde practica entre otras cosas, acupuntura china tradicional (no es verso) y se las ingenia para que vomite todo lo que me estaba pasando.
- Raro en vos esos granos en tu cara
- Si, una cagada
- ¿Sabías que el cuerpo es sabio? De alguna manera el cuerpo te pide que saques todo eso que tenes adentro. El sarpullido es la manera en que se defiende tu cuerpo. Vas a tener que sacarlo, como sea.
- Supongo que debo hacer algo, pero no se ni qué, ni cómo.
- Llorando, gritando, golpeando.
Lo miro asombrado y él se ríe. Minutos después me encontraba pegándole a una bolsa de arena. A los diez minutos la bolsa se aguantó un tipo con mucha rabia, pero a los quince, me había ganado. Me quedé sin fuerzas y fue el momento de llorar. Ahora los puños golpeaban con lágrimas hasta que me abracé a la bolsa y lloré como un niño.
No se cuanto tiempo pasé en esa habitación golpeando, llorando, recordando. Pero cuando me quise acordar, el dolor se había ido.
Y mis recuerdos también.
lunes, 10 de agosto de 2009
El día después de mañana
Era cierto que ésto puede matarte...La ventana del café donde estoy escribiendo me enseña todo eso y el blog “Lágrimas de Malbec” pone la música de Lamb (Gabriel), haciendo de este domingo, un día distinto.
Parece que las nubes que abundan en mi corazón, quieren irse pero es difícil. El hombre es un animal de costumbres, y yo venia muy mal acostumbrado.
Hoy, no tenía con quien ir al cine, o mejor dicho, no estaba ella para poder disfrutar de sus comentarios post película. Ya no quedaba su perfume en mi auto. Apenas una caja de Marlboro Box vacía, que supe dejar olvidada en el asiento de atrás, temiendo que el día después de mañana llegara.
Una caja me sigue recordando que amaba hasta lo que me más molestaba de ella.
Las pocas cuadras que necesitaba hasta el café, las hice en el auto y las hice sin mirar absolutamente nada. No quería oler nada, mirar nada, tocar nada. Pero su asiento estaba vacío.
Mi celular está apagado. Luego de mi último posteo, no ha dejado de sonar. Y no justamente porque sean muchos los amigos que llaman, sino que son esas aves de rapiña, las que aprovechan la situación para querer conquistar un corazón totalmente partido.
Nada de farmacias, mucho menos hamburguesas. No quiero nada. Solo deseo que esto se acabe de una vez, para poder volver a empezar. Pero esta vez, será distinto. No se que ni como, pero algo está por cambiar.
Hoy, solo deseo un poco de morfina. Un llamado de ella sería suficiente para crearme una sonrisa, aunque el resultado siga siendo el mismo, pero quizá, al igual que la morfina, me quite un poco de dolor.
Por suerte, mañana tengo terapia…
jueves, 28 de mayo de 2009
Noble Caballero
El junco se ha marchitado en el lago y ya no hay pájaros que canten...
Deja a La tejedora, noble caballero y adentrate en mi cuerpo...
- Metete la camisa adentro del pantalón, si no querés que alguien se entere que no estabas estudiando, precisamente Letras.
Confirmo que tenía razón, y tras unas sacudidas a mi ropa, que traía polvos de unos escalones poco transitados, meto mi camisa como puedo, mientras me ato el cinturón.
- ¿Deberías?
- No, pero parece que me conoces más de lo que yo a vos.
- Te tengo marcado desde que pisaste esta Universidad. Aun te recuerdo con esa camisa celeste y la minita de turno que llevabas a tu lado.
- Creo que disimuladamente deberías decirlo al pasar.
- Claudia
- ¿Y ca-da una de esas pe-cas tam-bién tie-nen un nom-bre? – intercalando cada sílaba con un beso en sus cachetes.
- ¡Tonto! – golpeándome con sus puños en mi pecho
- Sí, lo es, pero me dan ganas de dártelo.
- Y que te priva de hacerlo.
- Hola – dice el abogado con cara de ya saben que y dejándome con la mano en el aire.
- ¡Pero que mal educado que sos! – dice ella con algo de pudor por su desprecio.
- ¿Vamos? Tengo el auto mal estacionado.
- ¡Ya voy! – dice enojada.
- Perdoname, pero jamás reaccionó así antes. ¿Ustedes se conocen?
- Raro pero bueno, ¿en qué estábamos?
- En tu celular
- Cierto, te doy mi número, ¿te parece?
- Mmm, prefiero que este edificio nos encuentre nuevamente, pero sin mochilas.
- Mmm suena romántico, pero si así lo deseas, como quieras.
- Es que no me gusta poner en una misma oración tecnología y amor, me suena a ciberamor, volátil, frío, en fin poco romántico.
- Pareces del siglo pasado – dándome un abrazo de despedida.
Me entregué al enemigo, dejé ver mis heridas y así y todo no logré demostrarle mi pasión por lo que defiendo, por lo que lucho, aunque por momentos, como Don Quijote, me encuentre peleando contra molinos de viento. Mi enfrentamiento cuerpo a cuerpo y mis breves palabras cruzadas, no alcanzaron para ponerla de mi lado, para volverla una guerrera del amor. Tenía pasta, pero no supe pulirla lo suficiente para que se vea como tal.
¿Dijo hermano? … Sí, soy un boludo.



