martes, 9 de junio de 2009

Semana de Elecciones


Es domingo y estoy hasta las manos de laburo. En época de elecciones la labor de los escritores aumenta y hasta diría desborda. Lástima que los políticos solo salgan a dar la cara veinte días antes de que la gente se enfrente a las urnas.
No se cuando me metí en esto, pero hasta que no caiga un editor con una propuesta decente para mis novelas, debo seguir, entre otras cosas, maquillando los discursos de los políticos.
Lo cierto es que yo nunca voy a saber a ciencia cierta, quién fue el que más gustó con sus discursos. Mi amigo y colega Carlos, que lo hace para una rama del peronismo. Marcela, una escritora, que más de una vez debería interrumpirse cuando nota que escribe cosas horribles. Y por último, Bety. Una guionista que trabaja para un político exclusivamente y que reconozco es la mejor de todos nosotros.
Suena el teléfono.
- Che, estoy San Martín y mi jefe se esta impacientando. ¿Tenes el discurso?
- Hola, ¿Cómo te va? ¿todo bien? Yo re bien, ¿sabes?
- Dale boludo, que mi jefe me va a cortar las pelotas.
- Julia, ya está listo, pero quedaron en pasar a buscarlo.
- ¡Que boludos son todos acá!
- ¡Sí! ¿Cuándo los descubriste? – le digo con una voz sarcástica.
- Creo que desde el momento que te contrataron…. Dale boludo, venite y de paso tomamos algo. Esta noche puedo llegar tarde a casa. Anotá la dirección.

El llamado olía a trampa. Seguramente hizo que pasara esto para poder tenerme cara a cara y recriminar mi ausencia ante los insistentes mensajes acosadores de ella. Hoy era el día perfecto para excusarse en llegar tarde a su casa y de paso cañazo a su amigo. O sea, yo.
- Gracias a Dios que llegaste, dame el borrador.
- ¿Borrador?
- Bueno, lo que sea, ¡damelo!
- Tomá y de paso preguntale cuando me van a pagar, que ya me deben más de veinte escritos.
Julia salió corriendo entre la gente. Su vestido de rojo puta no hizo otra cosa que se me incendiara la vista y mi bragueta.
Voy por unos canapés y un vinito de la casa, ya que no había almorzado.
Busco a ver si encuentro algún conocido pero nada. Así que me voy con mi abundante copa de vino tinto hasta llegar a una columna que esta a metros de la salida. Si la cosa se ponía densa, nadie se daría cuenta de mi escape.
Media hora después todo sigue igual. Salvo que ahora el lugar empezaba a quedar chico. Estaba claro que esta reunión tenía como fin, liquidar los últimos fondos de la campaña, ante un centenar de empresarios que aún no están del todo convencidos con las ideas de mi jefe temporario.
Julia no aparecía y ya me estaba aburriendo. La tercera copa de vino hizo que me buscara una silla y más bocadillos. De repente y para placer de mis oídos, la voz de Warren Zevon salía por los parlantes “Genius”. Un temazo de uno de mis cantantes preferidos.
“Bueno, al menos el DJ sabe como tratar a esta gente”, me dije, cerrando los ojos para deleitarme con su música.

- Quería presentarles a una de las personas que en forma anónima tiene la culpa de que hoy esté toda esta gente acá.
- ¡Julia! – digo sorprendido al abrir mis ojos.
- Te presento a Omar y Carlos. Ellos pertenecen a un grupo multimedia muy importante y querían conocerte.
- Eh… ¡Hola, un gusto! – Estirando mi mano, que gracias a Dios no tenía restos de bocadillos.
- Creo que Julia se excede en elogios hacia mi trabajo. – Acerco mi cara con una de mis manos sobre un costado para que ella no lea mis labios – Julia cree que todo puede ser tan exagerado como su belleza.
Ambos se ríen y levantan las copas brindando por lo dicho. Ella se sonroja y me abraza.
- No creas, ella nos ha revelado alguno de tus trabajos de esta campaña y vemos que hay un potencial que puede ser explotado.
La miro a julia a los ojos y ella me levanta las cejas con una sonrisa de oreja a oreja.
- Creo que ustedes tienen mucho que hablar y yo debo seguir trabajando. La conferencia está por comenzar.
Los tres nos quedamos, mirando su retirada. Suspiramos.
Intercambiamos algunas tarjetas y luego de un par palabras cruzadas, abandono la zona de influencia. No quería demostrar tanto entusiasmo, ni mucho menos que se crean que me entrego en la primera cita (al menos en lo laboral).
Los aplausos daban la bienvenida al orador de turno y aprovecho el bullicio para salir a tomar un poco de aire fresco, ya que el vino me estaba poniendo demasiado contento.
Apoyado en el auto, contemplando mi suerte, me pregunto por qué Julia siempre resultó incondicional conmigo. Jamás pude darle el espacio que siempre necesitó y así y todo insiste en hacerme creer que puede gobernar mis lados más oscuros. Y a veces lo logra.
Suena mi celular. Es un mensaje de texto. Es ella y creo que hoy… la voy a votar.

2 comentarios:

lu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lu dijo...

Es la primera vez que paso. Me gustó, volveré. Saludos!