lunes, 6 de mayo de 2013

La princesa, el caballero y el dragón


"Fueron suficientes algunas muchas heridas de dragones hasta que el caballero desistiera de su noble profesión y asuma, de una vez y por todas, que las princesas ya no quieren ser rescatadas. Solo gustan de ser conquistadas y quitadas de las garras de las bestias de turno. Luego, todo se vuelve banal y las heridas solo se van con un diván o bien con alguna doncella que prometa falsamente curar sus heridas hasta sentir lo que es tener un hombre al lado. Aunque sea solo por unos momentos para luego volver a su libertad imaginaria que se convierte en nada, cuando se da cuenta que se quedó sola."
Con esta simple historia, termino un café y con mi novia, donde me prometí decirle lo que sentía antes de abandonar mi armadura.
NO es justo, yo te amo! – decía ella mientras se helaban sus manos sobre las mías ni bien entendió que esto era el fin a un montón de promesas que ella mató con sus silencios, cuando yo esperaba un miserable "yo también".
-        Ahora decis que me amas? Eran más sinceros tus “te quiero”.
-        No seas injusto, sabes que no me llevo bien con los sentimientos.
-        Entonces tenes la oportunidad de volver a tu castillo y disfrutar del cuidado de tus dragones de turno. Ellos sabrán que hacer con todas tus emociones.

La charla siguió el tiempo que termine mi café en jarrita. Ella se sintió confundida ya que no sabía siquiera en ese momento lo que estaba perdiendo (si es que perdía algo) y yo aproveché ese momento para darle fin a una profesión que ya no quería ejercer más.
Lloré más de lo que me había prometido. Por suerte, una plaza y un banco vacío, me salvaron de creer que mis piernas ya no podrían dar un paso más sin quebrarse ante el dolor mezclado con enojo y orgullo. 
El celular, ya no sonaba, tampoco había mensajes. De repente, esa libertad de las que muchos se jactan de tener y otros que añoran poseerla, ya estaba conmigo.
Ahora solo es cuestión que esa libertad se vuelva mi dragón y sea yo, quien deba ser rescatado.