lunes, 31 de agosto de 2009

Despedida de Soltero

Es viernes y una despedida de soltero, de un amigo, fue la excusa perfecta para dejar pasar otro viernes sin pensar en ella.
La despedida, arrancó con unas pizzas en la casa de uno de los chicos. Cerveza, anécdotas y muchas carcajadas no faltaron al evento de este futuro esposo.
Ya cuando la cosa pasó de alegre a nostalgia, producto de mucha mezcla alcoholica, uno de los invitados no tiene mejor idea que acudir a mi sentido del humor para revertir una noche que se estaba apagando.
Pero fue un error.

- ¿Qué consejo le podes dar vos a Juan Pablo?
- Con dos divorcios en mi haber y un sinfín de mujeres que pasaron por mi cama, solo puedo decirte que si ella vale la pena, no le des un motivo para que te deje.

El silencio fue mayúsculo. Pero yo no tenía ganas de dibujar nada. Es más, estaba contento de que al menos haya gente que quiera casarse, comprometerse con el otro… apostar a un futuro juntos. Hoy en día, la convivencia es casi imposible y ver a dos personas que quieren mezclar el agua y el aceite sin quemarse, es digno de mi admiración. Y sigo con mi discurso.

- Y si la idea es que ahora nos vayamos todos a un cabarulo (más conocido como prostíbulo), te aconsejo que te quedes afuera. No es la primera vez que una pareja se arruina por una despedida.
- Pero yo quiero ir. Jamás fui a uno y hoy es mi último día de libertad – agitando su vaso y euforizando a todos en la mesa.
No quise arruinar la noche y decirle que estaba equivocado. Que la libertad comenzaba justo con su matrimonio. Que la condena de estar solo llegaba a su fin y que a la salida de esa cárcel, estaba una mujer no solo esperándolo, sino también con la promesa de estar a su lado, todo el tiempo que dure el amor.
Pero, preferí callar y sumarme a la vanalidad de la fiesta, aunque fabricando una pequeña trampa.
- Entonces, si estas seguro vos y yo seremos los primeros en entrar por la puerta de uno que yo conozco muy bien y que tiene unas minas que te van a dar vuelta la cabeza.
Todos volvieron a chocar sus vasos y vitoreando la decisión de encarar para el cabarulo.
Por supuesto que antes de llegar, hicimos las bromas de turno: desnudarlo, pasearlo por el Parque Gral San Martín, hacer que corra unas cuadras a la caravana de autos por la avenida Las Heras, y por supuesto, llevarlo hasta la casa de los suegros (eso es ser malo).
Y llegamos.
- Ahora no solo vas a debutar en un cabarulo, sino que además lo vas a hacer con la mujer que más sabe de hombres en esta ciudad.
- Me han dicho que hacerlo con una puta es único.
- Yo lo llamaría inolvidable – haciéndole una sonrisa con aires macabros (para mí por supuesto).
Entramos. A los pocos minutos, más de la mitad de los muchachos –por no decir todos- desaparecieron entre el tumulto de gente que se agolpaba en la pista para ver a una bailarina de caño.
“Vos no te me despegues” fueron las palabras que le dije al futuro egresado de la soledad. Caminamos hasta llegar a una de las barras y haciendo lugar con mi cuerpo lleno de ira por estar en un lugar al que ya no visitaba, llego hasta una de las barman.
- ¿Dónde puedo encontrar a Gloria?
La chica me hace señas de no saber donde exactamente. Mal humorado sigo buscando. No dimos ni tres pasos que alguien de atrás de abraza.

- Hijo de mil putas! ¿Qué haces por estos pagos? – me grita Gloria al oído
- Es un caso especial –señalándole al soltero de turno
- Ahora entiendo tu cara de pocos amigos.
- Necesito que hagas lo que mejor sabes hacer en estos casos..
Ella me guiña el ojo y se lleva a mi víctima.
Estaba a punto de salir, cuando vuelvo la mirada al lugar. Me pregunto si no debería volver a estos barrios, y compartir mi condena con toda esta gente. Al fin de cuentas, estaba tan solo como todos ellos… pero no.
prefiero volver a mi celda, aun tengo muchos recuerdos que envolver.

viernes, 28 de agosto de 2009

Tiempo de Contratos

Mi llegada a Mendoza no hace otra cosa que mostrarme cuan enamorado sigo de ella. Como un alma en pena, tomo mis valijas y camino hasta la parada de taxis para volver a casa.
El chofer me llena de comentarios que no escucho y tampoco me importa responderle. Solo miro por la ventanilla buscando algunas piernas que se parezcan a las de ella, alguna esquina que nos haya encontrado a los besos o alguna cosa que me diga que no fue un sueño, que es real y que volverá de su largo camino que decidió tomar.
Me pregunto cuántas mujeres tendrán que sufrir su decisión. Cuántos labios pasarán por mi boca, hasta que reemplace todos sus sabores.
Quiero besarla, quiero abrazarla. Quiero sus palabras, sus enojos, sus iras.
Hoy tengo la libertad –o condena- de esperarla. Ya no puede decirme que me busque a otra porque no sabe que quiere, o mejor dicho que no puede estar con nadie, culpa de sus demonios.
Como le dije en la última carta, solo espero que cuando se canse de esos amores descartables, sepa donde encontrarme.
Tengo que pensar si tomo la decisión de esperarla, aunque nunca llegue, o bien olvidarla para encontrar en otra mujer, ese sabor tan exquisito que es el amor.
Mientras tanto, voy a llamar a la inmobiliaria para renovar el contrato. No quiero irme de este lugar.
Ni de su vida.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Las brujas no existen, pero…

Los pueblos pueden tener muchas particularidades, pero sin dudas, el chusmerío y las brujas, son dos cosas que siempre vamos a encontzrar, sea el pueblo que sea.
Antes de irme de Navarro, una amiga que conoce mis pasos amorosos, me pidió con una autoridad que yo no conocía de su personalidad, que vaya a ver a una de esas brujas.
No solo que no creo en esas cosas, sino que también me generan fastidio. Me las imagino envolviendo a cuanto paisano llega al pueblo en su sulky, con frases tipo “es evidente que ha sido victima de un trabajo” seguido, según la cara de pánico y/o desconcierto del cliente, con un “¿usted no ha experimentado problemas físico?”. Si la respuesta es un no, entonces lo que sigue es “y ha podido dormir bien estos días, o sea ¿ha descansado?”. Siempre con esas preguntas tipo le gusta el rojo o el blanco, sin opción de decir verde.
Es obvio que si estamos en ese lugar, entregando nuestra dignidad a la “bruja” de turno, es porque no hemos descansado como quisiéramos o bien, tenemos un mal tipo cáncer que los médicos ya nos han dado la fecha de vencimiento de nuestro cuerpo.
Pero parece que esta fórmula sigue dando resultados, ya que este oficio de tuertos renueva su clientela año a año. Y yo colaboré con esta industria.

- Contame que te dijo – me dice Luz, mi amiga.
- Nada – digo con cara de culo.
- Algo te debe haber dicho, estuviste más de media hora con Mabel. Ella no tiene a sus pacientes más de quince minutos.
- Ok- digo con cara de fastidio- Me dijo que mi vida amorosa es una balsa en medio del océano, que una mujer con detalles físicos que delatan mi ex, me hizo un trabajo, que pronto voy a tener una propuesta de trabajo muy buena y que alguien cercano a mí puede darme lo que mi corazón está necesitando.
- ¿Entonces?
- Entonces, que cumplí con mi parte de ir a esta bruja. Ahora vos cumplí con la tuya e invítame a cenar. Tengo hambre. Mañana salgo temprano para Mendoza.

Luz me abraza y me lleva a un lindo restaurant, creo que el único del pueblo.

- Pedí lo que quieras. El dueño es amigo mío.
- Mmm, me parece que en este último tiempo, has logrado lindas amistades. ¿Me perdí de algo?
- No, perseguido. Era mi jefe, es un buen tipo.

Pedimos el plato del día –o la noche mejor dicho- y ella volvió al ruedo.

- Dale, contame que pensas sobre lo que dijo esta mujer
- ¿En verdad crees en estas cosas? – le digo con enojo.
- Sí. Vos te habrás ido a la gran ciudad, y seguramente “estas cosas” te parecen tontas o para gente crédula, pero los lugareños aun creemos en estas cosas.
- Ok esta bien. No quiero pelear.
- ¡No estamos peleando!
- Bueno parece que sí.
- ¡Por qué no te vas a la mierda!

Me quedo en silencio.

- Todavía que me preocupo por vos – agarrando su cartera- andá a decirle a la otra que te cuide, ¿sabes?

Disimuladamente, intenté hacer que no se vaya, pero me dejó solo, con la comida servida, la gente tomando nota de cada detalle –bien de pueblo-, y con una cuenta que ahora tenía dueño.
Evidentemente, la bruja había fallado.
Esa persona cercana, no era mi amiga Luz.

lunes, 24 de agosto de 2009

Mi Otro Yo

Falta poco para mi regreso a Mendoza. Una buena noticia de este viaje es que comienzo con el proyecto de una revista local. Por suerte me voy con trabajo y con algo de tiempo a mi favor, pero aún la extraño. Aun tengo ganas de llamarla.
Parece que el tiempo fue poco. Es algo, pero la dosis de este singular salvador de corazones destrozados, no alcanzó. Y el dolor aflora.
Y duele.
Me pregunto que fue lo que tanto me pegó. He vivido tantas historias, tantas aventuras increíbles, mujeres buenas, otras no tan buenas, pero con todas hubo química, sin embargo con ella fue especial.
No mentía cuando le decía que era la mujer más bella que mis ojos hayan visto. Ella pensaba que yo era un adulador por esencia. También se equivocaba en eso.
Pero gracias a su ex y mi aura seductora, ella nunca me creyó, nunca pudo confiar en mí. Y ese fue mi talón de Aquiles, el que me derrocó, el que acabó con mi sueño y me devolvió al interminable mundo de las mujeres, que día tras día encuentro en mis sábanas y que luego pasan a enmarcarse en esta cosa rara llamada blog.
Ella piensa que pertenezco a este mundo y que mi magia se vio debilitada cuando su presencia acabó con mis musas y mis historias.
Ella se enamoró de mi otro Yo, el que sale, el que cuenta, el que levanta y seduce más por caballero que por seductor.
Pero cuando lo tuvo en sus manos, sus demonios se apoderaron de todos sus sueños y los pisaron junto con los míos, dejando que dos anillos vuelvan a quedar sin dueños.
Hay gente que nace para ser amigo, otras para ser novio. Otros cocinan, otros se entregan al celibato y después estamos nosotros. Una raza rara, casi en extinción, que tiene como fin, despertar sentimientos en personas que parecen haberlos olvidado.
Pero en cada caso, en cada beso que uno da para que esa bella princesa despierte, nos duele, nos desgarra y parece que será el último. Y sin embargo volvemos al ruedo para hacer lo mejor que sabemos hacer: el amor.
No se cuantas veces tendremos que juntar nuestro corazón en pedazos, pero al fin de cuentas, cada beso lo vale.
Ojalá algún día ese beso se encuentre ante la fortaleza de un corazón sólido, que nos tumbe de una vez y nos devuelva a este mundo.
Y yo al de ella.

jueves, 20 de agosto de 2009

Café con aroma de Mujer



Mis viajes a Buenos Aires, tienen como fin encontrarme con mi familia y seres queridos.
Este último viaje, tenía además el sabor de no encontrármela. Mil kilómetros de distancia eran suficientes para no provocar un encuentro con ella. Uno de esos que terminan envueltos en sabanas y con la ilusión de volver a creer que nos amamos.
Muchas visitas, muchos encuentros con viejos amigos y una agenda llena de frivolidades, lograron que no tuviera intenciones de llamarla.
En otras oportunidades, compartía con ella, aunque sea por mensaje de texto, lo bien que la estaba pasando y también alguno que otro párrafo de algún libro o anécdota que me invadía en medio de una charla pasajera.
La casa que me alberga en un pueblo hermoso llamado Navarro, frente a una laguna imponente, con atardeceres dignos de ser compartidos con alguna mujer, no me permite otra cosa que escribir. Y junto con las letras también llega la nostalgia. Pero por suerte llega mi amigo –dueño de la casa- y nos vamos al super.
Recordando viejas épocas, donde mi departamento era también el suyo y la miseria era una sola, nos reíamos de la cantidad de anécdotas que pasamos juntos, justamente cuando íbamos al Walmart con las pocas monedas que teníamos.
Ahora el super era otro, y el dinero también. Ya no pateábamos pelotas de rugby entre las góndolas, ni hacíamos jueguitos con una de fútbol.
Y tampoco estábamos en Mendoza.
El me pide que le busque una tabla para cortar pizza. No me costó mucho encontrarla pero cuando levanté la vista, ahí estaba. Esperándome para que vertiera el agua caliente en su interior. Miro hacia todos lados buscando a su dueña, que era la misma de mis insomnios, mis tristezas y mi dolor, pero no estaba. Ahora solo veía a esa cafetera con un precio en su etiqueta. Un precio que yo no estaba dispuesto a pagar.
Mi estomago se endurece por ese trago amargo que suelen darnos las casualidades y me doy vuelta. Ya no quería mirarla, no quería recordar cada una de las imágenes que se venían sin permiso, a mi mente.
Ya sin fuerzas, trato de alejarme de ella, de sus recuerdos y de sus besos.
Había hecho muchos esfuerzos por olvidarla y casi lo había logrado. Ya no me importaba encontrar autos iguales al suyo o perfumes que dejaban rastros de ella, pero la cafetera fue un golpe bajo. Como una daga atravesando mi corazón, quitándome el poco aliento que me quedaba.
La relación con ella empezó con un café y también terminó. Y la cafetera, siempre de testigo. Siempre con algo que nos entibiara los labios, con ese aroma que nos obligaba a un abrazo, lleno de besos, de promesas y hasta de una despedida no deseada pero necesaria.
Esa cafetera supo atarme a esos recuerdos… que hoy están anclados por ese café con aroma de mujer…

miércoles, 19 de agosto de 2009

Sarna con gusto...

La picazón, que por las noches aumenta, hizo que me lastimara todo el cuerpo y por ende, una visita a la dermatóloga.

- Creo que es producto de unos antibióticos que tomé durante largo tiempo por una gripe.
- Aja - dice ella, mientras me sigue examinando con su lupa a lo largo de todo mi antebrazo
- Me atendieron 4 médicos distintos a lo largo del mes – enseñándole toda la farmacia que tenía en una bolsa – todos me pronosticaron algo distinto, pero sigo cada día peor. Ya no duermo en las noches de la picazón.
- ¿En la ingle también? – por no animarse a decir "en los huevos".
- ¡En todo el cuerpo! – le digo ya con lágrimas en los ojos por querer rascarme justo esas partes innombrables (para ella).
- Mmm, bueno tira todos esos remedios – volviendo a su escritorio y empezando a escribir en su recetario.
- ¿Qué tengo? – le digo desahuciado, ya que no iba a creer en otro diagnóstico pasajero.
- ...Tenes sarna.
- No puede ser – le digo canchereando y desde la plena ignorancia – no tengo animales en casa
- La sarna se contagia entre personas – y sigue cortando papelitos de su recetario.

Me puse a pensar con quien andaba hace un mes o algo mas. Y solo anduve con ella.

- Es que me resulta difícil de creer Doctora. No vi rascarse a mi novia.
- Bueno, tendrán que hablar entonces. Pero no te asustes, con dos pastillas en una sola dosis, se acabó el problema – ahora mostrándome una sonrisa – no sea cosa que pierdas a tu novia por esta pavada.

Tuve ganas de decirle que ya la había perdido, pero mi lóbulo frontal reaccionó a tiempo –cosa que no suele funcionarme mucho – y me callé.

Ahora tenía una excusa para llamarla. Contarle de este posible contagio, podía ser un motivo perfecto para vernos en el café de San Martin y Morón (donde nos conocimos) y así matarnos en la primera esquina oscura, como solíamos hacer antes que conociera mi casa.
Pero no. Lo único que voy a lograr es amortizar un golpe que conviene darse en una sola cuota y no en muchas (como diría mi amiga Blonda).
Me acosté y pensé en ella. Me preguntaba si se estaría rascando como yo y entonces empecé a reírme de la patética reflexión a la que estaba llegando.
Agarré un cuento de Denevi y a los pocos minutos, estaba durmiendo.
Esa noche y las que le siguieron, ya no picaba tanto.

lunes, 17 de agosto de 2009

Medias Negras



Son las 9 de la noche y sigo corrigiendo por vaya a saber cuantas veces, el borrador de mi novela.
Suena el teléfono, pero no lo atiendo, “Si fuera importante o urgente, me llegará un mensaje”, me dije sin culpas, mientras sígo obsesionado con algunos diálogos que no me convencen.
El teléfono es insistente, y por más que no quiera, ya logró sacarme de mi mundo.
- ¡Vamos a ver quien puta es!
- Loco, menos mal que atendiste. ¿Podes pasar por acá?
- ¿Marce? No, no puedo.
- Dice que se llama Julia y no se va a ir hasta que vos la vengas a buscar.
- ¿Me estás jodiendo?
- No.
- ¡La putamadre que la remilpario!
- ¿Venis o la hago sacar?
- Bancame que ya voy
Hacía rato que no sabía de ella. La última vez, eran en época de elecciones y así como apareció entre mis sabanas, desapareció.

Me puse algo decente y me fui al bar de mi amigo.
- ¡Iuju!... ¡al fin apareció Sir Lancelot! – dice Julia totalmente borracha.
- ¿Me podes decir que haces acá? – mientras cuento los vasos de vodka que tenía en su haber- ¿Al menos decime por qué brindamos?
Ella se incorpora como puede. Deja su butaca, que la tenía con los tacos colgando y enseñando unas piernas vestidas de negro, que me fueron imposibles no desearlas.
- Sres de este bar de mala muerte, con ustedes… el mejor redactor de discursos de todos los tiempos.
La tomo del brazo y la siento nuevamente en la silla, de frente a la barra. Marcelo, me deja una botella de agua para ella y una mirada que me explicaba cual debía ser mi siguiente paso.
- ¡Vamos! – le digo tomándola del brazo.
Ya en el auto, con la calefacción encendida, pero aún estacionados, le pido explicaciones.
- ¿No deberías estar en tu casa con tu marido?
- ¡Ja! – dice con bronca, doblando su cara hacia su ventanilla – Se fue. Me dejó – dice ahora llorando.
- Bueno, vos sabías que ese matrimonio era una farsa.
Ella hace un gesto de “que me importa” y me abraza como puede, dejando apoyada su cabeza en mi pecho.
- Me descubrió con mi jefe. No dudo un segundo en irse de casa.
- ¿Tu jefe?
- Si. El día después de las elecciones, estábamos tan contentos que brindamos en su despacho. No se cuanto tomamos, solo recuerdo ver entrar a mi marido mientras yo trataba de incorporarme, de un escritorio donde casualmente los únicos papeles que quedaron, fueron los de tu discurso.
Ahora estaba sorprendido. Tanto vodka en su sangre, tanto despecho, tanta vergüenza por ese acto y solo me hacía una pregunta.
- ¿Qué tiene que ver mi escrito en todo esto, por qué lo nombras?
Siento que ella se sonríe, pero no la puedo ver.
- Ese discurso, fue el clic para ganar las elecciones. Mi jefe no dejaba de adularme por tenerte como contacto.
- Nunca me contaste eso.
- Te hemos intentado llamar varias veces, pero como siempre, nunca contestas el teléfono.
Ahora se incorpora, me abraza la cara con sus manos frías y me llena la cara de besos.
- Llevame a tu casa
La miré, suspiré enojado e intenté decirle que no. Pero no pude.
Tampoco a sus piernas...

viernes, 14 de agosto de 2009

La primera de muchas

El depto volvió a ser víctima de mi pseudo depresión. En realidad de tristeza.
En la cocina se arrumban los platos solitarios que noche a noche me sorprenden con alguna vianda pasajera. La cama ya dejó de ser mi cómplice y mis incansables café con leche, perdieron ese sabor que tanta fuerza me daban para empezar las mañanas y las tardes.
No se hasta cuando siga este sentimiento en mi interior. Lo único bueno que deja este vaso más vacío que lleno, son mis ganas de escribir.
Mi novela espera ansiosa por algún escritor emocionado, que quiera terminarla de una vez por todas. Y parece que el día llegó.
Hoy será mi último café con leche que acompañe a esta novela, que nació con un escritor tan triste como el que la está terminando. Releo algunos pasajes y como un hijo, logra sacarme alguna que otra sonrisa. La miro y no puedo creer lo grande que se ha hecho. Tanto, que ya es hora que sea ella quien cuide de mí, al menos por un tiempo.
Solo me resta saber en manos de que editorial la dejo, para que su futuro no se vea atraído por la prostitución del marketing. Se que me falta mucho para llegar a ser lo que quiero ser y es por eso, que deseo que esta primera de muchas otras, llegue hasta donde deba llegar, sin gancho, sin yapa. Solo contará con ese montón palabras como arma para lograr que ella misma, sea quien se gane un espacio en la biblioteca de cada uno que la sepa descubrir.
Solo me asusta el hecho, que le he prometido cuando la comencé, que tendrá más hermanas. Y entonces me pregunto, ¿cuántas veces más pasaré por estos estados emocionales?
Evidentemente, muchas veces más.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Puños y Lágrimas

La verdad que la terapia de hoy, ni sumo ni restó. Supongo que con el tiempo veré los beneficios de la charla de hoy.
Me siento mejor. Parece que la herida no era de muerte y las cicatrices ya están cerrando. Y lo mejor es que no tuve que usar morfina.
Lo que no me cierra son los granos que han aparecido en todo mi cuerpo. Un sarpullido que no solo me empieza a molestar, sino también a picar.
Supongo que será otra visita al médico, cosa que detesto enormemente, pero intentaré que se pase sola. Quizá con algunos cuidados en las comidas zafe de algo que parece peor.
Lo malo de todo esto, que hoy tengo una reunión importante por un trabajo en un diario y un grano en mi frente capta no solo la atención del que tengo a enfrente, sino también las ganas de largar una carcajada o hacer algún chiste alusivo casualmente con lo que me pasa. Y no estoy de humor.
Como estaré de loco que fui a terapia caminando. Vaya a saber cn que excusa absurda dejé el auto en la puerta de mi casa.
Lo cierto es que al volver, paso por la puerta del Centro donde hago Tai chi. Paso a saludar y dar explicaciones por mi ausencia este último tiempo.
Mi profesor, Víctor, siempre con una sonrisa y una paz que contagia, me invita a su gabinete donde practica entre otras cosas, acupuntura china tradicional (no es verso) y se las ingenia para que vomite todo lo que me estaba pasando.
- Raro en vos esos granos en tu cara
- Si, una cagada
- ¿Sabías que el cuerpo es sabio? De alguna manera el cuerpo te pide que saques todo eso que tenes adentro. El sarpullido es la manera en que se defiende tu cuerpo. Vas a tener que sacarlo, como sea.
- Supongo que debo hacer algo, pero no se ni qué, ni cómo.
- Llorando, gritando, golpeando.
Lo miro asombrado y él se ríe. Minutos después me encontraba pegándole a una bolsa de arena. A los diez minutos la bolsa se aguantó un tipo con mucha rabia, pero a los quince, me había ganado. Me quedé sin fuerzas y fue el momento de llorar. Ahora los puños golpeaban con lágrimas hasta que me abracé a la bolsa y lloré como un niño.
No se cuanto tiempo pasé en esa habitación golpeando, llorando, recordando. Pero cuando me quise acordar, el dolor se había ido.
Y mis recuerdos también.

lunes, 10 de agosto de 2009

El día después de mañana

Era cierto que ésto puede matarte...


Los domingos tienen ese “no se qué” en esta ciudad que no se cansa de enseñarme días increíbles. Que no solo me llenan con ese cielo que Mariano Moreno volvería a morir por verlo, sino que también le podemos agregar un bonus track si apuntamos hacia la Cordillera de Los Andes.
La ventana del café donde estoy escribiendo me enseña todo eso y el blog “Lágrimas de Malbec” pone la música de Lamb (Gabriel), haciendo de este domingo, un día distinto.
Parece que las nubes que abundan en mi corazón, quieren irse pero es difícil. El hombre es un animal de costumbres, y yo venia muy mal acostumbrado.
Hoy, no tenía con quien ir al cine, o mejor dicho, no estaba ella para poder disfrutar de sus comentarios post película. Ya no quedaba su perfume en mi auto. Apenas una caja de Marlboro Box vacía, que supe dejar olvidada en el asiento de atrás, temiendo que el día después de mañana llegara.
Una caja me sigue recordando que amaba hasta lo que me más molestaba de ella.
Las pocas cuadras que necesitaba hasta el café, las hice en el auto y las hice sin mirar absolutamente nada. No quería oler nada, mirar nada, tocar nada. Pero su asiento estaba vacío.
Mi celular está apagado. Luego de mi último posteo, no ha dejado de sonar. Y no justamente porque sean muchos los amigos que llaman, sino que son esas aves de rapiña, las que aprovechan la situación para querer conquistar un corazón totalmente partido.
Nada de farmacias, mucho menos hamburguesas. No quiero nada. Solo deseo que esto se acabe de una vez, para poder volver a empezar. Pero esta vez, será distinto. No se que ni como, pero algo está por cambiar.
Hoy, solo deseo un poco de morfina. Un llamado de ella sería suficiente para crearme una sonrisa, aunque el resultado siga siendo el mismo, pero quizá, al igual que la morfina, me quite un poco de dolor.

Por suerte, mañana tengo terapia…

sábado, 8 de agosto de 2009

Tengo la camisa negra...

Necesitaba un cambio. Mi guardarropas daba tanto asco como el resto de mi vida. En verdad no se si daba tanto asco, pero así me sentía.
Ahora solo me queda el dolor, el vacío de esa mujer que supo llenar mis domingos con sus locuras, con sus cafés, con su olor que era algo así como la suma de todos los mejores perfumes del mundo.
Fue poco el tiempo que estuvimos, pero suficiente para darme cuenta que, sin querer había proyectado una vida. Llena de incoherencias, de antagonismos, pero que importaba si la amaba.
Pero en verdad, si importaba. “Con el amor no alcanza” decía ella, y yo no le creía. Y tenía razón. Y también me quede con las rosas en la mano y una hoja en blanco que esperaba para sepultar un montón de recuerdos.
Con solo escucharla, sabía la cantidad de problemas que tenía y a que se debían, el grado de locura que llevaba encima, y las posibles ganas que había de un encuentro sexual, amoroso o ambas a la vez.
En cada mensaje podía darme cuenta de la manera sutil que tenía de decirme “te quiero”, aun sin decirlo. Y también cuando llegaba un “andate a la mierda”, también sin decirlo.
Cuesta creerlo, pero sabía hasta cuando me llamaba sin hacerlo… y también cuando llegó el momento de despedirme, de decirle adios, también sin tener que pedirmelo.
Y me pregunto que se hace con todos esos recuerdos, cuando la otra parte ya no está conmigo. No se pueden cremar, ni enterrar y mucho menos olvidar.
¿Con quién los comparto? ¿Con amigos, parientes, novias? Esto no lo puedo charlar ni con mi profesor de Tai Chi.
Por eso decidí hacerlo con ustedes, silenciosos lectores del diván.
Quiero distraerme y entró a un blog de una amiga de letras y cuentos asombrosos (http//atendemeunasuntito.blogspot.com), y tampoco está para reírme con sus historias.
Parece que el luto llegó a los blogs, al igual que una camisa negra que me compré y no entendía porque la necesidad de tener una, hasta que comparti este sentimiento con ustedes.
Hoy no hay levante, ni sexo, ni erotismo… pero al menos hay un blog nuevo, renovado, como mi guardarropas.
Ojala les guste…

La putamadre! Como la extraño…

Sabor Adolescente


Es viernes y luego de un corto pero intenso romance, me he quedado solo otra vez. No se si fue esa puta costumbre -diría Cacho Castaña- o qué, pero cuando me dispongo a amar a alguien, algo falla en la matrix. Algo asombroso pasa en este ecosistema de mujeres bellas y secretas. Como si algún código binario diera un error y de buenas a primeras, me quedo solo otra vez. Un maldito reset, otro más y ya empiezo a pensar que no es el software sino el hardware lo que esta fallando.
Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no me enamoraba. Esta vez me dejé seducir por ese sentimiento tan sencillo como difícil, tan fácil de absorber pero difícil de digerir. Yo me aferré más a ese sentimiento que a ella. Y el diagnóstico dolió.
Una vez alguien me dijo que estaba destinado a deambular por el solitario camino del amor. Primero no le entendía, luego no quise creerle. Hoy es uno de esos días que le entiendo y le creo cada una de sus palabras. ¿Pero de qué sirve cuando el dolor está en mis entrañas?
Lo cierto es que el único remedio paliativo era salir. Y salí.
Llamé a mi amigo el Pela y lo llevé de prepo a ver una muestra fotográfica, en un hotel de Mendoza. Había degustación de vinos, tango en vivo, la muestra de fotos -obviamente- y muchas piernas de medias negras con zapatos con tacos COMO DEBEN SER.
El evento hubiese dado para una de las historias de este blog si no fuera porque me demoré comprando un pantalón y llegando dos horas tarde. Cuando entramos solo quedaban los restos de una velada que ya tenía sus parejas rodeadas de copas casi vacías. El Pela, feliz porque mis ganas se desvanecían y sus pretensiones de irse a dormir aumentaban, como un amigo de puta madre, y sabiendo que yo carecía de un hueco difícil de llenar, me invita a tomar un mojito con rabas a “348”, un bar que nos recomendó un viejo lobo de mar como el Seba.
La pasamos genial. La mesa 17 fue de las más reidoras de un bar que cada vez se llenaba más y más.

- Hora de irnos - le digo al Pela.

Recién pasadas las doce y por ser viernes, la jornada estaba cumplida. Lo dejo en su casa y prometo ir a mi casa. Ni mi auto se creyó ese bolazo.
Con la excusa de buscar un baño porque no llegaba a mi casa, me meto en el Hyatt que quedaba de paso.
La verdad que hacía mucho tiempo que no entraba al Casino. Busque una barra que sabía haber en mis tiempos de gloria. Pero el juego arruinó lo poco que quedaba de bueno en ese lugar. Maquinitas inmundas por todos lados. Solo faltaban en el baño.
Camino y camino pero nada. Solo pude meterme en el salón donde había un grupo tocando algo parecido a la salsa o merengue, pero en verdad, los que tenían un merengue bárbaro eran los que cantaban que no se les entendía un carajo.
La verdad que tenía ganas de perderme en alguna barra, para dejar de sentir ese dolor que no me visitaba desde la secundaria. Estaba solo y tenía que empezar a darme cuenta, que esa persona que amaba, ya no está a mi lado compartiendo noches, tragos, fiestas... Se fue mi par y con ella mi seguridad. Una seguridad que la olvidé con alguna que otra prenda dejé sin querer queriendo, en su casa.
Nada me gustaba. Lo único que veía era gente desquiciada metiendo monedas a las máquinas… ¡Como putas no dejaron la barra para chupetear algo!
Me voy y en el camino hacia el auto, que al no haber lugar, lo tuve que dejar a tres cuadras, veo un edificio que me resultaba conocido.
- ¡Gloria! - digo sorprendido y en voz alta.
Recordé a una vieja amiga que sabía cobijarme en momentos como en los de hoy. No se que había entre nosotros en aquellos tiempos, pero siempre nos hicimos un lugar para cuidarnos.
- ¿Quién? - dice el portero eléctrico
- El Niño - digo temeroso
- ¡Me estás jodiendo! ¿el Niño?
- El mismo
La puerta se abre...
Por más que me digan cuál es mi destino, jamás renunciaré a la idea de desafiarlo, darle batalla, aun sabiendo el resultado.
Quién dice que falle la matrix, y yo encuentre a mi media naranja.