jueves, 28 de mayo de 2009

Noble Caballero

¿Qué podría afligirte, amado caballero, solo y pálido callejeando?

El junco se ha marchitado en el lago y ya no hay pájaros que canten...

Deja a La tejedora, noble caballero y adentrate en mi cuerpo...

Así empezó mi carrera de Letras, en la Universidad Nacional de Cuyo. Una bella dama, castigada por su codiciada belleza, carente de caricias, de besos, ejecutó con sus palabras mi sentencia para amarla, al menos lo que dura una eternidad bajo las escaleras que dan al subsuelo del edificio.
- Metete la camisa adentro del pantalón, si no querés que alguien se entere que no estabas estudiando, precisamente Letras.
Confirmo que tenía razón, y tras unas sacudidas a mi ropa, que traía polvos de unos escalones poco transitados, meto mi camisa como puedo, mientras me ato el cinturón.
- ¿Te conozco de alguna clase?
- ¿Deberías?
- No, pero parece que me conoces más de lo que yo a vos.
- Te tengo marcado desde que pisaste esta Universidad. Aun te recuerdo con esa camisa celeste y la minita de turno que llevabas a tu lado.
Hice lo posible por recordar ese día y me di cuenta que era cierto.
- ¿Qué raro? –comento pensativo- jamás conquiste a nadie por lindo.
Ella larga una carcajada, mientras se ponía brillo en sus labios. Guarda su kit de belleza en una cartera que antes no había visto y camina, con su metro cincuenta, hasta abrazarme con sus recientes débiles brazos.
- Supongo que debo decirte como me llamo…
- Creo que disimuladamente deberías decirlo al pasar.
- Claudia
- ¿Y ca-da una de esas pe-cas tam-bién tie-nen un nom-bre? – intercalando cada sílaba con un beso en sus cachetes.
- ¡Tonto! – golpeándome con sus puños en mi pecho
Caminamos unos metros, hasta llegar a la civilización. Automáticamente, cuando cruzamos una puerta roja, ella suelta mi mano y toma una postura más distante. Eso me decía muchas cosas sobre su presente y no era de caballero preguntar el por qué. Era evidente que no estaba sola. Y ninguna chica de su edad debería estarlo, aunque esta generación prefiere la libertad para hacer de las escaleras una identidad anónima, tratando de encontrar lo que aun no conocen y por eso ni siquiera pueden decirlo, apenas señalarlo.
- ¿Sería inapropiado pedirte tu teléfono?
- Sí, lo es, pero me dan ganas de dártelo.
- Y que te priva de hacerlo.
Ella señala a un personaje que venía en busca de su mirada. Era evidente que no pertenecía a Letras. Su cara de garca y un traje que le asentaba mejor que a un gerente de banco, me daba como resultado que pertenecía a una de esas profesiones (a mi criterio) poco honestas, llamada abogacía.
- Hola – digo sonriente estirando la mano.
- Hola – dice el abogado con cara de ya saben que y dejándome con la mano en el aire.
- ¡Pero que mal educado que sos! – dice ella con algo de pudor por su desprecio.
- ¿Vamos? Tengo el auto mal estacionado.
- ¡Ya voy! – dice enojada.
- Perdoname, pero jamás reaccionó así antes. ¿Ustedes se conocen?
Mi sonrisa cuando estiré mi mano, tenía más de venganza que de amable. Su rostro me pareció conocido y cuando se acercó lo suficiente, confirmé que era el amante de una amiga mía, también de su palo. El tipo se dio cuenta que yo sabía y al quedar en evidencia, que mejor que pasar por enojado.
- Seguramente, nos hemos cruzado, viste que Mendoza es un pañuelo.
- Raro pero bueno, ¿en qué estábamos?
- En tu celular
- Cierto, te doy mi número, ¿te parece?
- Mmm, prefiero que este edificio nos encuentre nuevamente, pero sin mochilas.
Ella se esfuerza con una sonrisa como entendiendo, pero en verdad parecía no entender.
- Quiero decir, que prefiero encontrarnos casualmente y descubrirnos poco a poco dentro de estas paredes.
- Mmm suena romántico, pero si así lo deseas, como quieras.
- Es que no me gusta poner en una misma oración tecnología y amor, me suena a ciberamor, volátil, frío, en fin poco romántico.
- Pareces del siglo pasado – dándome un abrazo de despedida.
En verdad, no quería empezar una historia, con alguien en el medio. Pero ¿cómo decírselo sin que se ofenda? Soy un caballero y si llegué a sus brazos, fue porque me encontró sin mi armadura. Si bien no es común que una mujer de su corta edad desnude su alma en una escalera con un hombre diez años más grande (por lo menos), lo cierto es que esta generación se empecina en destruir al romanticismo, mi aliado, mi todo.
Me entregué al enemigo, dejé ver mis heridas y así y todo no logré demostrarle mi pasión por lo que defiendo, por lo que lucho, aunque por momentos, como Don Quijote, me encuentre peleando contra molinos de viento. Mi enfrentamiento cuerpo a cuerpo y mis breves palabras cruzadas, no alcanzaron para ponerla de mi lado, para volverla una guerrera del amor. Tenía pasta, pero no supe pulirla lo suficiente para que se vea como tal.
- Te dejo porque sino mi hermano me va a dejar a pata otra vez.
Me beso lento y salió corriendo como una adolescente con sus zapatillas rosas de estudiante.
¿Dijo hermano? … Sí, soy un boludo.

5 comentarios:

Silvia Beatriz dijo...

Tu blog a sido ternado por Escobar la Revista Digital para el premio mejor blog de Humor. Para ver bases, traer el enlace y votar ingresa a
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Anónimo dijo...

Elian querido, que perdiste un zapato en un bache lleno de barro en una vereda kosovada de Buenos Aires( a la vuelta de la infacia ) y regresando, te cagabas de risa mirandome enterrar mi zapato en el mismo pozo.
Te mando un abrazo y un recuerdo por aquellos años (cuando Carlos corria en nudo).

Elian Femia dijo...

Querido amigo!
Cuanto tiempo sin saber de vos!. Aun recuerdo ese día y todas las veces que el sorentisiete (Linea 87) nos clavaba en la parada y terminabamos yendonos caminando. Cuantos recuerdos! Mi dirección de Hotmail es elianfemia@hotmail.com dame de alta para saber mas de vos. Un abrazo enorme!

Rodolfo Serrano dijo...

He aprovechado para repasar tus otros post. Me gustan tus historias. Un abrazo

eterno sindrome pre menstrual dijo...


me encantó
y si, seguro te sentiste un boludo
pero deciem si no respiraste cuando escuchaste la palabra hermano?

aunque el sentimiento de hacer algo que "no era correcto"(ya que ella estaba saliendo con alguien) tambien es excitante